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El Protocolo de Gases de Efecto Invernadero (GEI) establece la norma mundial para medir y gestionar las emisiones de gases de efecto invernadero. Desarrollado por el Instituto de Recursos Mundiales (WRI) y el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD), ofrece un marco para que empresas, gobiernos y otras organizaciones controlen y gestionen su huella de carbono. Su principal objetivo es unificar el cálculo y la notificación de las emisiones de carbono, apoyando los esfuerzos mundiales para hacer frente al cambio climático. El Protocolo GEI proporciona directrices exhaustivas para la contabilidad y notificación de emisiones, ayudando a diversos sectores en su camino hacia la sostenibilidad.
Estadísticas recientes subrayan la creciente importancia del Protocolo de GEI en el panorama medioambiental actual. Un informe de 2023 del Carbon Disclosure Project (CDP) destaca que más de 92% de las empresas de la lista Fortune 500 notifican ahora sus emisiones de acuerdo con las normas del Protocolo de GEI. Esto supone un aumento significativo con respecto a hace tan sólo una década, lo que ilustra el creciente compromiso de las empresas con la transparencia y la acción frente a los retos climáticos.
El Protocolo de GEI clasifica las emisiones en tres alcances para racionalizar el proceso de gestión de emisiones. En este artículo, nos adentraremos en los entresijos de las emisiones de Alcance 1, Alcance 2 y Alcance 3 para comprender en profundidad las implicaciones y estrategias de gestión de cada categoría, proporcionando una base para que las empresas reduzcan eficazmente su huella de carbono y mejoren la sostenibilidad medioambiental.
Las emisiones de alcance 1 son las emisiones directas de gases de efecto invernadero procedentes de fuentes controladas o propiedad de una organización. Esto incluye las emisiones procedentes de la combustión en calderas, hornos, vehículos y otros equipos propios o controlados.
Algunos ejemplos de emisiones de Alcance 1 son el dióxido de carbono liberado por la combustión de combustibles fósiles en los vehículos de la empresa, las emisiones de metano de las operaciones agrícolas y las emisiones de óxido nitroso de los procesos de producción química. Las emisiones directas son las más fáciles de medir y gestionar, ya que son el resultado de las operaciones y actividades directas de la empresa.
Las emisiones de alcance 1, producidas directamente por las operaciones de una empresa, parecen sencillas de calcular, pero presentan varios retos. Uno de los principales es la obtención de datos precisos sobre los factores de emisión, cruciales para convertir el uso de combustibles o los procesos industriales en emisiones equivalentes de CO2. Por ejemplo, los factores de emisión de la combustión de gas natural pueden variar en función de la fuente y la composición del gas, lo que puede dar lugar a inexactitudes en los cálculos de las emisiones.
Otro reto es garantizar que se contabilizan todas las fuentes de emisiones de Alcance 1 dentro de las operaciones de una empresa. Las empresas con operaciones grandes y variadas pueden no identificar completamente las fuentes de emisiones directas, como las emisiones fugitivas de fugas de refrigerantes o las emisiones de metano de los procesos de residuos. Esto es especialmente difícil en la industria del petróleo y el gas, donde las operaciones están muy extendidas y son complejas, lo que dificulta el seguimiento preciso de todas las fuentes de emisiones directas.
Por último, las pequeñas y medianas empresas (PYME) carecen a menudo de los conocimientos técnicos y los recursos financieros necesarios para llevar a cabo evaluaciones detalladas de las emisiones de Alcance 1. Medir con precisión las emisiones procedentes de la combustión, por ejemplo, requiere conocimientos de la ciencia de la combustión y datos precisos sobre el uso de combustibles, que las PYME que no cuentan con equipos especializados en sostenibilidad podrían no tener o no comprender fácilmente.
Reducir las emisiones de Alcance 1 es crucial para las organizaciones que pretenden mejorar sus esfuerzos de sostenibilidad y reducir su huella de carbono. He aquí varias estrategias que pueden aplicarse eficazmente:
Las emisiones de alcance 2 representan las emisiones indirectas de gases de efecto invernadero procedentes del consumo de electricidad, vapor, calefacción y refrigeración adquiridos que no son producidos por la empresa sino por otra entidad. Estas emisiones se producen en el lugar donde se genera la energía y son atribuibles al uso energético de la organización.
Ejemplos de emisiones de Alcance 2 son el dióxido de carbono emitido por una central eléctrica que quema combustibles fósiles para producir la electricidad que una empresa utiliza en sus oficinas o plantas de fabricación. Aunque la empresa no emita directamente los gases de efecto invernadero, es responsable de las emisiones porque consume la energía producida.
Calcular las emisiones de Alcance 2, que proceden de fuentes indirectas como la electricidad comprada y la calefacción, es un reto, sobre todo porque es difícil precisar la intensidad de carbono de estas fuentes. La huella de carbono de la electricidad varía en función de la fuente de energía y de las combinaciones energéticas regionales, lo que complica las evaluaciones precisas.
A menudo, las empresas no pueden controlar los métodos de producción de la energía que adquieren, lo que hace más difícil calcular y reducir las emisiones de Alcance 2. Además, las diferentes normas de información y combinaciones energéticas en las distintas regiones en las que operan las empresas mundiales añaden otro nivel de complejidad. Adquirir factores de emisión fiables y actualizados para diferentes regiones y fuentes de energía también es un obstáculo.
Para elaborar informes de sostenibilidad precisos, las organizaciones deben adoptar métodos normalizados como el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero y colaborar con los proveedores de energía para obtener datos exactos. A pesar de las dificultades, calcular con precisión las emisiones de Alcance 2 es vital para las empresas que pretenden comprender y mitigar su impacto climático.
Reducir las emisiones de Alcance 2 es fundamental para las empresas que buscan minimizar su impacto medioambiental indirecto y promover la sostenibilidad. La aplicación de las siguientes estrategias puede ayudar a reducir significativamente las emisiones de Alcance 2:
Las emisiones de alcance 3 proceden de actividades relacionadas con una organización, pero que no son directamente de su propiedad ni están controladas por ella. Se producen a lo largo de su cadena de valor y suelen ser la mayor fuente de gases de efecto invernadero para muchas organizaciones, abarcando tanto las emisiones anteriores como las posteriores. Las emisiones anteriores incluyen la producción y el transporte de bienes adquiridos, los viajes de negocios y los desplazamientos de los empleados. Las emisiones descendentes abarcan el uso de los productos vendidos, su eliminación al final de su vida útil y las inversiones.
Por ejemplo, las emisiones procedentes de la fabricación de materias primas, su transporte a una fábrica y el envío del producto final al cliente son todas de Alcance 3. También las emisiones procedentes de la gestión de residuos tras la eliminación del producto entran en esta categoría. También entran en esta categoría las emisiones derivadas de la gestión de residuos tras la eliminación del producto. A pesar del reto que supone hacer un seguimiento de estas emisiones indirectas debido a la complejidad de la cadena de suministro, abordar las emisiones de Alcance 3 es vital para las organizaciones que aspiran a una reducción global de los gases de efecto invernadero.
El cálculo de las emisiones de Alcance 3 es complejo debido a la extensa y diversa cadena de valor que incluye desde la producción de los bienes comprados hasta el tratamiento al final de la vida útil de los productos vendidos. Un reto clave es la limitada visibilidad y control sobre las actividades indirectas, ya que las empresas a menudo carecen de acceso directo a los datos de emisiones de sus proveedores o al ciclo de vida completo de sus productos. Este problema se agrava por la incoherencia de las normas de notificación de emisiones entre regiones e industrias, lo que dificulta la recopilación de datos.
Estimar con precisión las emisiones de los viajes de negocios, los desplazamientos de los empleados y el uso de productos requiere hacer suposiciones con datos medios, lo que puede ser inexacto. El volumen de datos necesarios para la recopilación y el análisis también exige importantes recursos para la gestión y la verificación. A pesar de estos retos, la gestión de las emisiones de Alcance 3 es crucial para las organizaciones que pretenden reducir significativamente su impacto de gases de efecto invernadero, ya que estas emisiones pueden representar la mayor parte de la huella de carbono de una empresa. Para superar estos obstáculos, las empresas deben reforzar las asociaciones con los socios de la cadena de suministro, invertir en mejores sistemas de gestión de datos e impulsar marcos normalizados de información.
Las estrategias para hacer frente a las emisiones de alcance 3 requieren enfoques meditados que vayan más allá del control directo de una organización y se centren en toda la cadena de valor. Algunas estrategias eficaces son:
Abordar las emisiones de Alcance 1, 2 y, sobre todo, de Alcance 3 no es sólo una cuestión de cumplimiento normativo o de mantener una licencia social para operar; es un imperativo estratégico que puede impulsar la innovación, la eficiencia y la ventaja competitiva en el mercado. Las empresas que gestionan y reducen proactivamente sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en todos los alcances no sólo contribuyen al esfuerzo mundial contra el cambio climático, sino que también se posicionan como líderes en sostenibilidad. Al fomentar la transparencia, mejorar la reputación de su marca e implicar a las partes interesadas en sus esfuerzos medioambientales, las organizaciones pueden obtener beneficios tangibles que van más allá del impacto medioambiental. Entre ellos se incluyen el ahorro de costes gracias a la eficiencia energética, la resistencia frente a los cambios normativos y una cadena de suministro más sólida y sostenible. A medida que el mundo exige cada vez más a las empresas en términos de gestión medioambiental, la capacidad de medir, gestionar y reducir las emisiones con eficacia será crucial para el éxito a largo plazo.
Fuentes:
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